Saturday, August 13, 2016

# E 0053 Lenguaje y pensamiento

No estoy muy feliz con la expresión en castellano "el obstáculo de Wittgenstein"; quizá sería mejor "la valla de Wittgenstein" o "la barrera de Wittgenstein", siempre que se piense en algo que se puede superar, como las vallas que los corredores en una competencia deportiva tienen que brincar, o la barrera de sonido que se puede romper (gracias a mi amigo Jorge Roaro por sus sugerencias).

Yo he insistido en comentarios recientes que la filosofía analítica en general está maltratando bastante a Frege, ya sea porque ignora las partes de su doctrina que choca con su propio paradigma, ya sea porque la quieren hacer caber a fuerza en ella; trataré de ser más explícito al respecto en mi comentario paralelo en inglés "Kripke's Frege". Pero, pensándolo bien, yo creo que a Wittgenstein le fue mucho peor en este sentido. Una razón de esto podría ser (si es que se acepta lo que estoy insinuando) que la filosofía de Wittgenstein es una filosofía en un sentido mucho más amplio que la doctrina de Frege, y entonces es mucho más fácil que haya colisión con varios aspectos y dogmas de la filosofía analítica en cuyo seno muchos pensadores anglosajones la quieren acomodar y que por tanto, algunas veces, estos aspectos se quieren ignorar o declarar caducos.

Quine empieza un artículo sobre Austin con estas palabras:

Había alguna vez sólo unos cuantos positivistas terapeutas y una multitud de metafísicos crónicos. Ahora hay terapeutas en todos los colegios. La epidemia fue detenida y la terapia es ahora la rutina. ¿Con qué mantendrán ocupadas sus mentes los terapeutas veteranos de aquí en adelante? Una manera es orientar sus esfuerzos contra una forma vigente, aunque menos virulenta, de la infección, a saber, contra la perplejidad filosófica en la mente del lego. Ryle en sus Dilemmas hace un intento exitoso en estas dirección. (Quine, W v. O. 1965. "On Austin's Method" Journal of Philosophy 62; re-publicado en Theories and Things. Cambridge, Mass. & London: Harvard University Press., 1981. p. 86-91. Mi traducción)

Quine no menciona a Wittgenstein aquí en ningún lado y sólo se me quedó grabado este pasaje, porque tan pronto lo leía me conseguía Dilemmas de Ryle, un libro que no me dejó tan impresionado como Quine quizá hubiera supuesto. Lo que se me quedó grabado, en todo caso, es que yo, al leerlo, lo identifiqué no con Carnap y Neurath - probablemente el objetivo verdadero del aspecto irónico que Quine quiso darle aquí según parece - sino porque lo identifiqué con Wittgenstein y su declarado punto de vista acerca de la filosofía como terapia (aunque no, específicamente, contra la metafísica), y desde luego sería difícil identificar a Wittgenstein con el neopositivismo.

En el artículo de Quine que acabo de mencionar el autor deplora también que "La teoría semántica es afectada por la ausencia de una definición general aceptable de significado." (ibid., p. 86 s.), continuando "Una definición de significado simplemente como circunstancias de uso es inadecuada a causa de la vaguedad acerca de cuánto habría de incluir relevantemente bajo 'circunstancia'." Nuevamente, Quine tampoco aquí menciona a Wittgenstein (lo menciona muy poco, en general, en su obra), y hace bien en no hacerlo, porque seguramente Wittgenstein no se puede incluir en la lista de filósofos que mantenía una teoría de significado como "circunstancia de uso", por más que haya dicho en Investigaciones filosóficas:

43. Para una gran clase de casos de utilización de la palabra «significado» ─aunque no para todos los casos de su utilización─ puede explicarse esta palabra así: El significado de una palabra es su uso en el lenguaje. (Wittgenstein, L. 1988. Traducción de Alfonso García Suárez y Ulises Moulines; México: UNAM).

El propio Wittgenstein mantuvo, no lejos del pasaje que acabo de citar, la siguiente limitación para la (su) filosofía:

109. Era cierto que nuestras consideraciones no podían ser consideraciones científicas. La experiencia 'de que se puede pensar esto o aquello, en contra de nuestros prejuicios' ─sea lo que fuere lo que esto pueda querer decir─ no podría interesarnos. (La concepción neumática del pensamiento.) Y no podemos proponer teoría ninguna.No puede haber nada hipotético en nuestras consideraciones. Toda explicación tiene que desaparecer y sólo la descripción ha de ocupar su lugar. Y esta descripción recibe su luz, esto es, su finalidad, de los problemas filosóficos. Éstos no son ciertamente empíricos, sino que se resuelven mediante una cala en el funcionamiento de nuestro lenguaje, y justamente de manera que éste se reconozca: a pesar de una inclinación a malentenderlo. Los problemas se resuelven no aduciendo nueva experiencia, sino compilando lo ya conocido. La filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento por medio de nuestro lenguaje. (Ibid. Las negritas son mías).

Lo que marqué con negritas en este pasaje es la versión mínima de lo que quiero llamar "la valla de Wittgenstein". Es una valla para toda futura filosofía que recurre a la construcción de teorías explicativas y consideraciones hipotéticas. La filosofía que quiere recurrir a estas prácticas tiene que demostrar que no cae precisamente en los errores que Wittgenstein está denunciando.

Desde luego, no es una barrera absoluta. Pero yo pienso que es indispensable tenerla en cuenta. Y también creo que mucha de la filosofía que se hizo en el siglo XX no logra pasar encima de esta valla. Las siguientes reflexiones trataran un poco el por qué algunos no pasan, y también pensaremos en algunos casos que posiblemente sí lo logren.

* * * * *

Antes de concluir para hoy, una reflexión más sobre uno de los métodos de Wittgenstein, en particular sobre su forma de redacción (simplemente porque algo me hizo pensar en esto; no está directamente relacionado con este tema). Él dijo que cuando se escribe filosofía, no se le debe ahorrar al lector el trabajo de pensar. Esto, desde luego, es peligroso, ya que puede dar lugar a lo que Dennett llama "el uso inadvertido de la escoba de Occam": con el afán de no ofender el interlocutor erudito, dejar de explicar cosas que sí requieren explicación. (Dennet, D. 2013. Intuition Pumps and other Tools for Thinking. New York, London: WW. Norton & Company. p. 42). Pero yo creo que el consejo de Wittgenstein también tiene su mérito. La necesidad de pensar intensamente sobre lo que se lee le deja a uno la impresión de haber conquistado algo, de haber descubierto uno mismo algo importante. Es muy difícil que una conquista así no cause una impresión permanente y que no sea una excelente (si arriesgada) herramienta de convencimiento. Conmigo funcionó (llevándome también, sin duda alguna, a muchos malentendidos) - creo que el riesgo vale la pena. Y los filósofos ¿qué otra cosa tienen que hacer que pensar sobre lo que leen?

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