# E 0054
Cambié el título para adecuarlo al tema que hemos empezado a desarrollar en el último mensaje.
Lo que comenté al final la vez pasada me inspiró a una breve observación más: hay dos cosas que dijo Wittgenstein sobre la redacción filosófica, que apuntan en direcciones opuestas y creo que, en su intención, son correctas ambas.
La primera es lo que dijo en el prefacio del Tractatus en el sentido de que, lo que hay manera de decir, se puede decir con claridad y que por lo tanto sería obligación del filósofo buscar siempre esta claridad. Y esta otra cosa, que ya insinué en mi mensaje anterior, de que lo que se diga debe inspirar al lector a reflexionar por sí mismo: no hay que ahorrarle el trabajo de pensar.
Suponiendo que hay un sentido de entender estos mandatos como apuntando en, respectivamente, una dirección correcta aunque opuesta, ambas están amenazadas por la actual forma de escribir sobre filosofía o ─peor─ de hacer filosofía:
No podemos hoy en día escribir claro, porque lo que escribimos está para un círculo de iniciados que se saben las intrincaciones del negocio y hay dejar en claro que uno es parte de este círculo de iniciados y evitar la impresión de que uno no entiende todo lo que ya se presupone para poder formar parte de él. Los argumentos se dejan truncos, con apenas insinuaciones de lo que otros miembros ya habrían dicho anteriormente.
Yo considero esta forma de redactar artículos absolutamente nefasta para revistas filosóficas orientadas a un público filosófico más amplio. Espero no caer nunca en esto.
La otra amenaza proviene de la exigencia de quienes gobiernan los departamentos de filosofía ─obligados a cumplir unas políticas nefastas dictadas por unos ideólogos con mucho poder y nula capacidad para diferenciar─ de producir una cantidad extraordinaria de papers para revistas de alto impacto. Es casi imposible que estos trabajos tengan la necesaria profundidad para hacer pensar al lector, entonces tienden a explicar banalidades hasta quedar exhaustos y dejar al lector profundamente dormido.
Lo peor de esto, desde luego, es la combinación de los dos efectos, que es lo que generalmente sucede: lo que se debe explicar, se deja en el tintero para no parecer novato, y lo que todo el mundo sabe, se está rumiando hasta dejarlo como estiércol.
No pensaba dedicar todo un mensaje a esto. La próxima vez empiezo con el tema de verdad.
Gracias a mi amigo JR por observaciones y recomendaciones de redacción.
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